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Caso Javier Messina: “La condena social nunca se le quitó, sufrió agresiones y decidió quitarse la vida”

El periodista rosarino, productor del podcast “La Segunda Muerte del Dios Punk” habló en Cuarto Intermedio sobre la historia detrás del suicidio de Javier Messina, víctima del escrache virtual.

Nicolás Maggi investigó el trágico suceso y lo relata en esta miniserie de podcast. Javier Messina era un músico callejero conocido como Dios Punk que sufrió un escrache virtual erróneo donde lo acusaron de intentar abusar de una joven drogándola con “burundanga” a partir de un audio que se viralizó por toda la ciudad de Rosario.

“Se dedicaba primero a tocar en los escenarios y después fue tocando cada vez más en la calle hasta que se convirtió en un personaje de la fauna urbana rosarina”, empezó relatando el periodista en diálogo con el programa.

“Había tenido un esporádico paso por los medios de comunicación en el año 2007: se había hecho conocido por tocar en la peatonal Córdoba en el microcentro de Rosario, a algunos comerciantes no les gustaba y juntaron firmas para echarlo. Se convirtió en un personaje simpático que lo invitaron varios programas de TV para que pueda tocar en vivo”, siguió. Después de eso desapareció de los medios y se consolidó como artista callejero conocido por muchos.

“En 2018 un viernes a la mañana se viraliza este audio que fue una conmoción en toda la ciudad, llegó a la mitad de teléfonos de Rosario”, sostuvo Nicolás. En la descripción del audio se hablaba de un hombre entre 30 y 40 años que repartía fanzines en un colectivo.

“Rápidamente mucha gente, incluso antes de que se viralizara la foto de su cara, ya reconocía que era él. Ahí empezó una historia muy trágica que tuvo como primer incidente que la gente que lo conocía y se dio cuenta que era él el que estaba siendo mencionado en ese audio lo fue a buscar para pegarle en la calle”, contó. Javier Messina eventualmente termina detenido y en la investigación en la que participó Maggi corroboraron que la detención la pidió su padre para protegerlo de la golpiza: “No es que lo detiene la justicia porque lo individualiza”, aclaró.

“La Justicia al otro día ya tenía en sus manos un informe preliminar que decía que no había habido intoxicación”, es decir que no era verosímil el testimonio de la chica que supuestamente había sido drogada.

Sin embargo, y a pesar de que la Justicia actuó rápido, “a Javier la condena social nunca se le quitó, el estigma ya había sido generado y él sufrió agresiones callejeras durante el año entero que transcurrió desde el momento que tuvo este incidente y él decide quitarse la vida”.

A raíz de los testimonios recogidos durante la investigación de personas que conocían a Javier, el periodista rosarino concluye que “el impacto fue devastador en su vida y que profundizó un padecimiento mental que él ya tenía. Él había tenido un diagnóstico de paranoia en algún momento de su vida, había sido tratado, luego había discontinuado el tratamiento, pero lo cierto es que esto lo empujó a mucho desequilibrio”.

El músico apodado Dios Punk fue una víctima del escrache virtual. “Lo primero que se hizo fue viralizar y escrachar. Lo que nosotros queríamos era mostrar un poco cuáles eran los peligros de que esto suceda y cómo la colaboración anónima de muchos usuarios de redes sociales es cómplice de este tipo de prácticas que son para nosotros semejables a la justicia por mano propia”, manifestó.

“Este es un caso más que evidente del nivel de exageración al cual se puede llegar. Javier fue un chivo expiatorio social; era un chico que estaba todo el tiempo en la calle, que tenía cierto padecimiento mental que la gente lo sabía muy por arriba aunque no sabían qué diagnóstico tenía”.

Además “tenía un contacto intermitente con su familia, tenía amistades fugaces, era un chico que estaba siempre en la calle, por ende no tenía tantas defensas como cualquier otra persona, y eso lo convirtió en blanco perfecto de una violencia social que se ejerció sobre él de manera tanto simbólica escrachándolo en redes como física porque le pegaron por la calle hasta que lo atormentaron tanto que él no lo resistió más”, reflexionó Nicolás Maggi.

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